19 junio, 2006

Banana Yoshimoto

Si fuera posible entender a los colores pasteles no en su significancia “rosada y burguesa”, sino en su carencia de brillo, en su pasividad ansiosa y retenida manifiesta en el gris, el verde musgo, el rosa seco y el celeste pálido, si pudiéramos entender el color arena como alegría subyacente, apagada, tal vez podríamos comprender las delgadas capas con que escribe la Yoshimoto. En una actitud sosegada, contenida y respetuosa, sus personajes acostumbran guardar las distancias, preguntarse con sana curiosidad que pasa con los demás, mas no intentar violar el espacio del otro con la verbalización de la pregunta. Figuras delgadas, pálidas, de carácter fuerte pero silencioso, monumentos del “de tripas corazón” en permanente luto, viviendo la pérdida y el trance de salir de ella, existiendo con el cotidiano a cuestas como si nada, como si cualquier compensación insana y patológica estuviera bien, siempre y cuando se lo guardara dentro del protegido espacio de lo privado, de lo privativo al resto.

Si bien se espera ciertos rasgos “clásicos” de la literatura oriental, Yoshimoto logra traspasar la simple tradición idiosincrásica nipona (que asociamos gratuitamente al honor, la sumisión y el trabajolismo), para ponerla en un contexto mundano, como si la chica perna de al lado (nuestra vecina, la compañera de curso) fuera quien vive en sus páginas. En palabras muy chilenas, logra que el lector simpatice con esas “minas piolitas” que habitan sus cuentos, logra que uno enganche en sus historias para , finalmente , darse cuenta que uno ha pensado lo mismo y que lo ha pensado en las mismas soluciones, que esa mina japonesa media nerd pero bien intencionada habita con propiedad en el fondo de cada uno, y que es la que vemos en el espejo una mañana que no queremos salir de la cama.

De alguna forma, esta autora se las arregla para bordear permanentemente la muerte y la calamidad del duelo, rozando y sin caer en la depresión obsesiva ni en el lloriqueo aspaventoso. Su escape permanente y sistemático tiene que ver con el sueño, con dormir para dejar las cosas no del todo, para vivir de lo que recupera de los sueños , los recuerdos , las pesadillas y los presentimientos, que con esos elementos básicos –y al mínimo del funcionamiento- parece que se puede seguir vivo. Al menos no muerto. De escritura sutil y cristalina, tenue sin estar ni por cerca deslavada, sugiere en el cotidiano la magia de la pérdida y la ilusión de ganar algo distinto, siempre, aunque sea desde la paciencia o la reserva.

Hija de un gran critico literario japonés, Banana Yoshimoto es licenciada en artes literarias, siendo su tesis de grado justamente su primera novela “Kitchen” (Tusquets, 1988) –disponible en el bibliometro. Posteriormente, luego de la atención mundial que la llevo a ser traducida y devorada por la juventud lectora, aparecieron los volúmenes “NP” y “Amrita”, bajo la misma etiqueta para las versiones en español. Finalmente, su última obra “Sueño Profundo” aparece a principios del 2006.

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10 comentarios:

kyol dijo...

leí kitchen hace ya, unos buenos años, y dentro de este medio, seudo boom de literatura oriental-(shangai baby y demases)- fué uno de los que más me gustó: armonioso, reposado, abstraido, y eso es, justamente, lo que me exalta: el reposo y la abstracción con el que aún viven estos personajes en países tan abultados y ansiosos..

se le agradece su visita y su felicitación...

hetsah dijo...

autora desconocida
hay mucho por leer
rescato sus palabras, me entretetuve leyendo un poco más abajo
en la desesperada/desesperante calma

Iván dijo...

Bien Gasolino.
Si sigues así llegarás a ser tan buen crítico literario como tu maestro parrillero.
Tú sabes, los japos son así. Algo reprimidos, sintéticos, observadores. Justamente estoy leyendo unos cuentos de Kawabata y siento que aquella impronta nipona está presente en ellos y en lo que refieres de Banana ; es más importante lo que no se dijo, es más importante lo observado en silencio, es más importante la interpretación torcida de los gestos del interlocutor que lo dicho cara a cara.
Sigue leyendo.
Saludos.

HadeS dijo...

sabías que iba a gustarme. sabías que ibas a hacerme llorar sin lágrimas con este relato tan bello. gracias, quiero decirte gracias muchas veces, a través de este río de la distancia que no nos separa, por el contrario: nos mantiene íntimos.

Cristy dijo...

Mmmmmm....me encanté con los personajes que describiste y con la forma en que estás leyendo....parece que lo disfrutaste...me alegro...Feliz si me prestaras el librito... se ve lindo.Besos.

Selene.cl dijo...

No he leído nada de ella. Tampoco sabía de su existencia.

No puedo aportar mucho, abrazo.

gieb dijo...

Ufff. Tengo tanto por leer y aparecen más cosas. Leerlo, don Zuricato, me hizo tener ganas de meterme en las páginas que describe.

Saludos

Anónimo dijo...

Very nice site!
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Cronopio dijo...

seres abstraídos, pero no tristes; Soledad necesaria, estado de complicidad y entrega... Eso me viene a la mente cuando pienso en Yoshimoto.

Anónimo dijo...

Enjoyed a lot! »